El mes de marzo nos trajo la segunda ruta del año con Gustavo Cuervo.
La jornada arrancó temprano en Tierras de Moya, con el grupo reuniéndose en el hotel antes de salir. Revisión rápida de motos, briefing de la ruta y primeras conversaciones sobre lo que nos esperaba durante el día. El entorno tranquilo del hotel, rodeado de naturaleza y lejos de grandes núcleos urbanos, ayudó a empezar el día con calma: desayuno de campeones, revisión de motos y briefing sobre la ruta antes de arrancar.

El tiempo no acompañaba pero no fue impedimento para disfrutar del día con los vstromers.

Los primeros kilómetros sirvieron para entrar en ritmo. Carreteras abiertas, buen asfalto y prácticamente sin tráfico. Este tipo de tramos son perfectos para que el grupo se compacte y cada uno encuentre su sitio rodando.
Al acercarnos al Rincón de Ademuz la ruta empezó a ponerse interesante. Las curvas comenzaron a encadenarse y el paisaje cambió completamente. Se pasó de zonas más abiertas a carreteras que obligan a ir más concentrado y a disfrutar más de la conducción.
Rodar por esta comarca es muy agradecido. Hay desniveles, cambios de ritmo y pueblos pequeños que aparecen de forma inesperada. Se hicieron varias paradas cortas para reagrupar y comentar el recorrido, algo habitual en las rutas de grupo.
La llegada a Albarracín fue uno de los momentos destacados del día. La carretera de acceso ya exige atención y permite disfrutar de una conducción más técnica.

Una vez en el pueblo, parada para descansar, tomar algo y comentar la primera parte de la ruta. Muchos coincidieron en que este tipo de destinos justifican el viaje por sí solos. Además, sirve para estirar las piernas y revisar sensaciones antes de afrontar la parte más montañosa.
Después de Albarracín comenzó probablemente el tramo más completo de la jornada. El ascenso hacia la zona de Javalambre combinó carreteras estrechas, curvas constantes y cambios de altitud.
Aquí el ritmo del grupo fue muy bueno. Cada uno pudo disfrutar de la conducción sin presión, manteniendo las distancias y rodando con seguridad. Las vistas desde la zona de la estación de esquí obligaron a hacer una parada para fotos y para hidratarse.
Este tipo de tramos son los que más se valoran en rutas trail: conducción divertida, entorno natural y sensación de estar realmente viajando.
El descenso hacia Riodeva fue una sorpresa muy positiva. Carreteras poco transitadas, buen estado del firme y curvas muy disfrutables.

El grupo rodó con fluidez y sin incidencias. Son esos tramos donde todo funciona bien: la moto responde, el ritmo es cómodo y el paisaje acompaña.
Se aprovechó para hacer una parada técnica breve antes de afrontar la parte final de la ruta.
La zona de Aras de los Olmos ofreció carreteras más abiertas y un ritmo de conducción más relajado. Después de los tramos de montaña, se agradece poder rodar con más tranquilidad y disfrutar del entorno sin tanta exigencia técnica. Aquí aprovechamos para degustar la gastronomía de la zona y reposar.
Ya se empezaba a notar la satisfacción general del grupo. Había sido una jornada muy completa, con variedad de paisajes y tipos de conducción.
El regreso al hotel con encanto Tierras de Moya cerró una ruta circular muy bien equilibrada. Una vez aparcadas las motos, llegaron las conversaciones habituales sobre los mejores tramos del día, las curvas más disfrutadas o los paisajes que más habían sorprendido. Dispuestos a descansar y disfrutar de la amabilidad de los anfitriones del hotel y su cena, un menú casero preparado con mimo para los comensales.

Este tipo de rutas demuestran que no hace falta hacer grandes distancias para vivir una experiencia completa sobre la moto. En pocos cientos de kilómetros se puede combinar conducción, naturaleza y buen ambiente de grupo.
Una jornada con vstromers sumando kilómetros y experiencias. Ver ruta.
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