¡Hoteles con encanto, naturaleza y gran ambiente de grupo!

 

Arturo y Pilar no tienen carta en su restaurante, sino una libreta con anotaciones a mano, que puede ir cambiando cada día. ¿La razón? En Tierras de Moya se practica la llamada cocina Kilómetro cero. ¡Y se come de cine! Este hotelito con encanto, integrado en Ruralka prácticamente desde sus tiempos fundacionales, acogió del 7 al 9 de junio de 2024 un nuevo capítulo de V-Strom on Road al que denominamos “La conquista de Moya”, y que se desarrolló por los parajes más agrestes del Parque Natural de la Serranía de Cuenca.

Sentados a la mesa. Así comienza la crónica de un fin de semana de ensueño, porque antes de encontrarnos entre los brazos de Morfeo, todos los participantes nos dimos la bienvenida degustando una de esas cenas en las que no hay fallo: recetas tradicionales, productos locales, viandas de temporada, postres caseros… ¡Lo difícil era decidirse!

El alojamiento se mimetiza a la perfección en el marco de un conjunto histórico-artístico absolutamente singular. Esta mansión, construida en el siglo XVIII y que ha sido galardonada con el Premio a la Calidad y la Excelencia Turística en Castilla-La Mancha, impresiona por la robustez de su arquitectura, sus grandes espacios y el trato cercano de nuestros anfitriones. Esta vez no pudimos disfrutar de su piscina… el cielo amenazaba tormenta y las temperaturas eran más propias de marzo que del amanecer del estío.

En el pequeño núcleo poblacional de Los Huertos de Moya apenas residen 30 vecinos. Un hálito de vida, un soplo de resistencia frente a lo irreversible. En pocos lustros es más que probable que sea tan solo un recuerdo del pasado. Para entonces, las ruinas que dominan el horizonte, otrora recuerdo de gloriosas épocas de un floreciente marquesado, continuarán siendo un reclamo para los motoviajeros que trepen hasta sus murallas con el ánimo de conquistar un castillo en el que el tiempo parece haberse detenido para siempre.

El sábado despierta soleado. El grupo, muy nutrido gracias a la presencia de numerosos vstromers a dúo, estaba deseoso por abordar la ruta. Tras el briefing de bienvenida, y con la presencia de Cristina Alonso por parte de Ruralka, y Anyoli Montero, responsable de Comunicación de Suzuki Moto España, la expedición ponía rumbo a una tierra de fronteras con la incursión en tres comunidades autónomas en apenas unos kilómetros: Castilla-La Mancha, Comunidad Valenciana y Aragón.

Primero asomándonos a los abismos del puente sobre el río Turia, en Santa Cruz de Moya, y posteriormente desenhebrando la madeja de curvas del “Stelvio” de Losilla. Y de ahí, por solitarios hilos de alquitrán hasta el Rincón de Ademuz, Cañete y Beamud, esta vez por una pista forestal “asfaltada” que puso a prueba las capacidades aventureras de los pilotos, y las aptitudes trail de las Suzuki. Aprobado general no… ¡sobresaliente para todos!

Al conectar con la CM-2105 la carretera mejora notablemente y aumentamos el ritmo entre las paredes rocosas que escoltan el embalse de la Toba. Y más agua, de pictóricos tonos verdosos, en la laguna de Uña. Poco antes de llegara los cortados de Villalba de la Sierra y el vertiginoso Ventano del Diablo, viramos hacia el sur por la carretera de La Ciudad Encantada. Y descendemos hasta acariciar el Júcar, que con su tonalidad esmeralda abraza mansamente a la ciudad de las Casas Colgadas.

Nuestra elección para degustar los platos típicos de la gastronomía conquense fue un completo acierto: Restaurante María Morena. De entrantes: ajoarriero, morteruelo, croquetas variadas, huevos rotos con pimentón… y como plato principal, pescado, arroces y carnes que estaban para chuparse los dedos. ¡También el postre! Un establecimiento muy acogedor y agradable, que además cuenta con posibilidad de aparcar a escasos metros de su entrada.

Nuestras V-Strom desfilaron en disciplinada alineación procesional frente a la imponente Catedral de Santa María y San Julián. No podíamos cantar victoria, pues el cielo parecía una enorme cisterna de cristal a punto de desquebrajarse, y aún debíamos completar los 100 kilómetros que nos separaban de nuestro hotel a través de la N-420, una carretera que cerca de Pajaroncillo se contonea junto al curso de un río que nace en Frías de Albarracín y que se ha visto protegido gracias a la declaración de un valle que es Reserva de la Biosfera desde 2019. Nos entregamos a su bella danza: waltzing Cabriel.

Antes de finalizar nuestra singladura, debíamos cumplir con el cometido que nomina nuestra ruta: la conquista de Moya. Así que dicho y hecho. El grupo al completo subió por la zigzagueante pista pavimentada que nos permitió alcanzar en un santiamén los extramuros del baluarte. Las vistas desde el cerro alomado son de 360 grados. Y aunque poco queda de la inmensa ciudadela medieval que se levantó hace ocho siglos, lo cierto es que no resulta difícil imaginar el poderío que atesoró esta gigantesca fortaleza. Fotos de rigor y para el hotel, ¡queremos seguir esquivando la lluvia! Nada más aparcar nuestras motos, desde nuestras habitaciones vimos cómo empezaba a jarrear con rayos, truenos y centellas. ¡Ni hecho a propósito! Una fabulosa cena con risas y anécdotas puso el broche de oro a otra experiencia increíble.

¿Lo mejor? Una vez más la estancia y atenciones del hotelito con encanto seleccionado por Ruralka, y sin ninguna duda, el grupo de vstromers que hizo de un fin de semana que se antojaba pasado por agua, una vivencia inolvidable de compañerismo y fantásticos momentos. Y tú, ¿a qué esperas para apuntarte a una próxima entrega? ¡Gracias al equipazo de Suzuki por hacerlo posible!

Quique Arenas.-

Roadleader

La ruta