¡Alicante siempre sorprende!

¡Mira cómo nos lo pasamos!

¡Gran día con vstromers!

Curvas, montañas y castillos en el interior de Alicante. ¡Os contamos cómo lo pasamos en esta gran ruta con nuestros amigos vstromers!

Hay quien tiene la idea de que Alicante es famoso por sus playas, su buen tiempo y su variada oferta de turismo para el verano. Esto es y será siempre cierto y es algo que la provincia más meridional de la comunidad Valenciana puede llevar bien a gala. 

Alicante es mucho más que playas. Alicante es un pepino para hacer rutas en moto. Lo digo en serio. La cantidad de curvas de las que disfrutamos en esta ruta roza lo estrafalario. Añádele carreteras de firme perfecto y una temperatura ideal, resultado: rutón primaveral que será histórico en V-Strom on Road, como que me llamo MrHicks46. 

El punto de partida para nuestra magnífica salida en moto fue el Hotel Masía La Mota recomendado por Ruralka que ya es de por sí un privilegio de disfrutar. Indira y su esposo Edgar son una historia de amor viva y han sabido transmitir la esencia de esa unión a su hotel. La tierra, las piedras y cada viga que sostiene su hotel, cuenta su historia familiar. Desde el buen gusto de la decoración a la maravillosa atención de su equipo, todo en Masía la Mota es una experiencia plácida y muy agradable. 

La masía está emplazada en mitad de un bosque, dentro del Parque Natural del Carrascar de la Font Rotja y a un tiro de piedra de la Sierra de MariolaMientras unos y otros iban llegando y nos íbamos conociendo, pudimos disfrutar de las maravillosas vistas a la ciudad que se dan desde el frente aterrazado del hotel. Para cuando habíamos terminado el desayuno, que incluyó el extraordinario aceite que se produce en la misma masía, ya estábamos haciendo piña y conociéndonos unos a otros. Tras un breve briefing del road leader ¡rugieron los motores! 

La primera parte de la ruta, transcurre por la CV-70 que nos ofrece una espléndida ensalada de curvas hasta el Castillo de Guadalest. Guadalest es un encantador pueblecito medieval encaramado a un peñón y que se cierne sobre el embalse del río homónimo del pueblo. Disfrutamos de las vistas desde un mirador cercano y el road leader contó una anécdota que hizo que todos se partieran el culo de risa… ¡pero no sabemos cuál es! 

Al poco de pasar por Guadalest, encontramos en la carretera el pequeño pero bien mantenido Museo de Vehículos Históricos del Valle de Guadalest. Lamentablemente no lo visitamos, porque cierra los sábados. Pero desde aquí comentar que merece la pena echar un ojo, ya que está bien surtido de motos clásicas de todo tipo y pelaje. 

Desde aquí seguimos por la CV-715, pasando por pueblos pintorescos como Tárbena y no tenemos la moto recta ni cien metros seguidos camino al Coll de Rates. Al coronar el puerto nos paramos a tomar algo. Hay un pequeño restaurante con terraza que tiene unas vistas maravillosas todo alrededor. Se puede ver el mar por un lado y otro mar de naranjos y limoneros al otro lado. La estampa de la cara sur recuerda un poco a la cresta de picachos de piedra que guarece al pueblo de Cortina D’Ampezzo en el norte de Italia. 

Después de refrescarnos un poco y charlar un rato, retomamos la ruta por la zona más montaraz y alejada de nuestro punto de partida: El Vall de la Gallinera, lleno de cerezos y terrazas de olivos. Solitario y salpicado de pueblecitos con encanto y castillos abandonados que parecen brotar de la misma piedra de las montañas, como el liquen de un árbol. La CV-700 recorre el valle a media altura, ofreciendo un trazado sinuoso y divertido. Lejos del bullicio dominguero. 

Para finalizar la mañana, tuvimos parada y mesa en el Hotel L’Estació en Bocairent. Pueblito de postal donde pudimos comer y disfrutar de una larga sobremesa. Costumbre deliciosa del mediterráneo, que ayuda a la digestión, hace aflorar las ideas y habilita las amistades. Fue aquí que estuve charlando bastante con Lucas Gilabert, uno de nuestros V-Stromers de la zona y experto rutero de cabecera para toda la región. Hicimos buenas migas y decidimos cambiar el resto de la ruta. 

Originalmente había pensado volver al hotel dando un rodeo por Onteniente, visitar sus pozas y luego seguir por la CV-655 hacia Fontanars dels Alforins, para recorrer primero el Puerto del Moro y luego el Puerto de Biar. Pero Lucas tenía un par de trucos en la chistera y no me puedo alegrar más de haberle pasado el mando. 

Después de haberme ayudado cerrando el grupo y acompañando pacientemente a los V-Stromers que preferían un ritmo más sosegado, Lucas y yo intercambiamos los papeles y fue él quien nos llevó por todito el medio del Parque Natural del Carrascar de la Font Rotja (por la CV-7970) de vuelta a Alcoy. Una preciosa luz de atardecer bañaba al grupo cuando la carretera súbitamente se convirtió en balcón bajo nuestros pies, para darnos la bienvenida a la ciudad. 

Llegamos al hotel con esa misma luz dorada contentos por el día de curvas, amigos y paisajes. Cansados por el camino, pero llenos de anécdotas y muy vivos. Con este mismo buen rollo, nos reunimos de nuevo en la terraza de Masía la Mota para dar cuenta de una maravillosa puesta de sol y un gran rato de cháchara que se extendería ya con la confianza que se gana tras rodar juntos, hasta bien pasada la cena. 

 

Un gran día de moto, con un poco de todo. En el que cabe destacar y agradecer el buen tino de Suzuki por organizar estos eventos, a Ruralka por su inestimable colaboración en la logística, al Hotel Masía la Mota por ser tan buen hotel, estar donde está y tener ese encanto que le han sabido dar sus dueños ¡y cómo no, a nuestros V-Stromers incansables por saber y hacer disfrutar de un gran día de primavera!  

 

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