BY PEDRO DEL ARCO

Os propongo una súper ruta para disfrutar de la Suzuki V-Strom y de la esencia de los pueblos salmantinos.

Salimos del Hotel Don Fadrique, en Alba de Tormes, donde hemos dormido estupendamente bien, y nos encaminamos, por una carretera sencilla y sin complicaciones hacia la Sierra de Francia, dejando a un lado el embalse de Santa Teresa, que surte de agua a buena parte de la provincia de Salamanca. En los primeros compases de la ruta cruzamos por Guijuelo, archiconocido por sus Jamones con denominación de Origen, que se exportan incluso a Dubai.
Durante este trayecto es muy fácil ver en el horizonte lo que será nuestra primera parada, la Estación de Esquí Sierra de Béjar. La sinuosa carretera nos dejará ir apreciando el cambio de naturaleza a medida que vamos subiendo.

Recomendable hacer un pequeño descanso para apreciar las vistas desde los 2000 metros de altitud e intercambiar impresiones acerca del recorrido.

Afrontamos la bajada por la misma carretera, acercándonos a Béjar, ciudad muy importante en el pasado por su fabricación textil. Cuenta con una muralla medieval que merece la pena visitar, así como la plaza de toros más antigua de España, “La Ancianita”, que data de 1711, aunque hay registros de los primeros festejos en 1667.

Bordeando la orilla del Río Cuerpo de Hombre, llamado así desde época romana, nos vamos acercando a uno de los pueblos más bonitos de España y Capital Española de las Montañas 2023, Candelario. Por los laterales de sus callejuelas baja el agua de la montaña durante casi todo el año. Mención aparte hay que hacer de su preciosa arquitectura, típica de la zona de Sierra salmantina y a las famosas “batipuertas” que adornan el pueblo.

Seguimos camino de una de las fronteras entre comunidades autónomas más espectaculares. El río Alagón hace la división entre la provincia de Cáceres (Extremadura) y Salamanca (Castilla y León). Curiosamente el meandro está en Salamanca, pero el mirador pertenece a Cáceres. El acceso se hace desde Riomalo de Abajo a través de una pequeña carretera de hormigón, compartida con los senderistas que también desean acercarse a ver el espectáculo de la naturaleza.

Nuestra próxima parada, el lugar elegido para comer, La Alberca. Para llegar hasta allí afrontaremos la subida a través del valle de las Batuecas, remanso de paz y tranquilidad en la que se ubicaban varias ermitas abandonadas y un monasterio, aún habitado por la congregación de los Carmelitas Descalzos. Dejando la tranquilidad a un lado, si observamos el mapa, veremos que el recorrido sube y sube a través de una sucesión de curvas que nos permite ganar altura en muy poco tiempo. Aunque es cierto que el asfalto está un poco roto, el disfrute está asegurado.

Coronando la subida llegamos a La Alberca. Calles empedradas y tiendas de embutidos nos esperan. Si tenemos suerte y visitamos La Alberca entre el 13 de Junio y el 17 de Enero, podremos ver al marrano de San Antón deambular por sus calles. La tradición data del siglo XVI, cuando de esta misma forma los judíos y musulmanes engordaban un cerdo para demostrar que se habían convertido al cristianismo y así tener a la inquisición alejada de allí. En la actualidad se mantiene la tradición, pero en esta ocasión forma parte de una rifa con fines benéficos, entre los habitantes del pueblo, que al fin y al cabo son los que alimentan al animal.

Tras una deliciosa comida en uno de los restaurantes de la plaza del pueblo en la que degustamos los productos del cerdo ibérico, reemprendemos ruta con ánimos renovados.

La zona que rodea la Alberca es naturaleza pura. Predominan los castaños de gran altura, que en otoño disfrutan de su máximo esplendor.

A medida que nos vamos alejando de La Alberca, nos adentramos en un precioso bosque de roble y helecho, que nos colocará a los pies de otra rampa más, conocida por los amantes del ciclismo, en este caso hacia el Santuario de Nuestra Señora de la Peña de Francia, lugar de culto religioso donde se asienta un convento de Padres Dominicos. El convento se empezó a construir en el año 1445, tras el descubrimiento de la imagen de la Virgen morena en el año 1434.

Continuamos con el recorrido y esta vez vamos camino de Mogarraz, el pueblo de las 800 caras. Es conocido así por los retratos de los habitantes que cuelgan de las fachadas de sus propias casas. Todo empezó como una exposición temporal, pero se ha hecho indefinida y además se han ido sumando protagonistas.

Comenzaremos entonces el trayecto más largo del día, hacia la capital de provincia. No podía faltar un paseo por la ciudad que me vio nacer, y de la que estoy profundamente enamorado. Caminar por sus calles me produce un descanso infinito. Observar cómo los turistas contemplan con asombro los medallones de la plaza mayor, o la cantidad de detalles del convento de San Esteban, o buscan el astronauta de la Catedral Nueva, o la rana de la Universidad (personalmente, debido a la gran riqueza de la fachada, yo diría que la rana es lo menos bonito de observar), o pasean por el huerto de Calixto y Melibea.

Y, por último, la vuelta al Hotel Don Fadrique, donde nos deleitamos con los manjares que salen de los fogones de su afamado restaurante, que cuenta con un Sol Repsol.

Comentamos durante la cena los momentos vividos y las anécdotas de la ruta, indicando los que más nos han gustado.